Llegaste como quien no debe llegar.
Quizás llegue yo.
Borracha.
Ahora imagino el sabor de una cerveza en otro lugar.
En sitios que no tienen nada que ver con esto.
En lugares donde hay sueños que se nos cumplen.
Imaginando que hay cosas que no acaban,
sin pensar que nosotras acabaríamos antes.
Hoy puedo decir en voz alta:
Nadie puso tanta fuerza en mis ojos,
nadie apostó por mi, como tu sin mí.
Nadie me hizo dudar hasta de mi nombre.
Nadie me enseñó que el amor era real,
que era eso que habitaba en ti.
Cómo habitan en mi las canciones de Andrés Suárez.
Como un acorde perfecto de Adriana Moragues.
Como las cosas que se piensan y no se gritan.
Como los sentimientos que gritan por los ojos.
Nadie ha conseguido amar mis mayores defectos.
Nadie me ha follado sin tocarme.
Nadie construyó un hogar para mi.
Ni puso nombre a cada rincón de mi cuerpo.
Nadie se esforzó en leerme y comprenderme cuando todo era cuesta arriba.
Aunque duela.
Aunque amar deba ser el camino desde tus pies hacia los míos.
Aunque nadie me rodee con una mirada, me tumbe con una palabra, me eleve con una canción. Me cuelgue de su pelo. Y me de patadas contra la realidad.
Nadie se había esforzado en hacerme entender que no todo lo que tenemos es lo que deseamos tener.
Que se desea más, con un abrazo y los ojos cerrados que con la sonrisa grande y los ojos abiertos.
Nadie.
Excepto tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario